Es un laberinto la idea de investigación artística. Es un laberinto como los dos reyes del cuento de Borges, uno con su laberinto maquínico y otro con su laberinto desértico, la experiencia artística es ambos laberintos a tiempos distintos.
Quizá tenga que iniciar este texto confesando lo complejo que resulta referirme a Ser el fuego como “la obra”, o a la “residencia artística” como proceso. Es decir, tengo que iniciar haciendo la salvedad bastante obvia de que el proyecto evolucionó muchísimo, como es natural, pero también que en esa evolución muchos elementos que no estaban “directamente” ligados al proceso se volvieron parte de este cuerpo, precisamente porque su giro es de naturaleza espontánea, orgánica si se quiere, una vuelta larga para hacer una exploración silvestre.

La idea de escribir un proyecto sobre la relación entre los volcanes y la resistencia política surgió de una relación personal y profunda con ambos temas, y con una conexión de carácter poético hacia la exploración de la fuerza simbólica del poder de los volcanes. Paralelamente con el nacimiento de la idea de Ser el fuego (SEF) terminaba de trabajar un proyecto llamado Ser el tiempo, un proyecto que a partir de mi obra poética que combinó poesía, teatro, hip hop, artes visuales y que abría una ruta a la exploración interdisciplinaria y transmedia. Finalmente las manifestaciones en contra de la corrupción en algunas ciudades de Guatemala durante 2015 y que desembocan en una suerte de sustitución de poderes en el país, pasando por la renuncia y encarcelamiento del presidente Otto Pérez Molina y la vicepresidenta Rosana Baldetti, más casi doscientos altos funcionarios públicos empresarios presos por corrupción, dieron paso a la necesidad de hablar sobre la participación política en el contexto del siglo XXI. Durante estas manifestaciones un grupo de amigos con quienes¡ ahora formamos parte de una plataforma política llamada Somos, gritábamos en la plaza un listado de consignas que terminaban con la frase “porque queremos mereces nuestros volcanes, ¡estamos aquí!”, y por los conflictos que esa arenga generaba en mí también surge esta investitación que, muy a pesar de mi intención de que esta beca representara el cierre del tema, sé que será algo que acompañe mi trabajo el resto de mis días.

Personalmente dividiría el proceso de SEF en dos grandes momentos que no están radicalmente separados pero que tienen un espacio de referencialidad propio según el tiempo en que surgen. El primer momento es un momento de tipo intelectual investigativo, en esta etapa SEF se proyectaba con una imagen mental muy clara que se traducía en forma programática a través de diversas reescrituras del proyecto y de una forma de investigación relacionada sobre todo al contenido central del proyecto. En este momento SEF estuvo planteado como un proyecto ensayístico transmedia. La segunda etapa le llamaría de carácter poético intuitivo; en este proceso todo aquello que fue gestado en la lógica programática explotó como la casa del final de Zabriskie Point de Antonioni, a cámara lenta y con música de Pink Floyd de fondo, el recurrente sonido de la explosión, que para fines literarios podríamos llamar retumbo, inició en este momento del proceso en el que SEF se transformó en un ensayo oral.

La investigación previa, primera etapa

En su primera versión y, literalmente, en su primer párrafo, el proyecto se planteaba así:

“Ser el fuego”, es un proyecto de investigación creativa, cuyo resultado, un ensayo expandido, estará basado en la exploración de la relación simbólico-identitaria de los volcanes como signo y como presencia geográfico-telúrica en la vida guatemalteca, con la intención de proponer esta naturaleza telúrica y geológica como uno de los motores naturales de la identidad guatemalteca

He de decir, con buena fortuna, que sin lugar a duda el proyecto siguió esa ruta, incluso después de sus evoluciones naturales.

Así, el primer momento de la beca a la investigación artística sucedió a partir de octubre de 2015 con el anuncio de SEF como proyecto para el 2016. Esta primera parte implicó una serie de intercambios de comunicación con los asesores y directora de Yaxs con la intención de pulir y perfeccionar el proyecto. Sin lugar a dudas la sistematización del proyecto resultaba ser parte fundamental del proceso, el proyecto se reescribió en tres momentos tratando de especificar por escrito qué se estaba tratando de realizar. El primero proyecto (con el que se aplicó) esbozaba la estructura de ensayo expandido como un libro, una página web, un programa de radio y una acción pública. El segundo proyecto, a inicios de 2016, seguía esta misma línea haciendo la salvedad que trataría particularmente seis temas concretos:

-La piedra de maíz, el nacimiento del maíz en la rajadura de una piedra, la falla Polochic-Motagua
-El lienzo de Quauhquechollan, el Título de Santa María Ixhuatán, la escritura como resistencia
-La fiesta del volcán y la resistencia Kaqchiquel, comalapa
-El Tacaná, la vida de los dos lados
-Cráter, Volcán y #25A la horfandad de los volcanes
-1902, el nacimiento de un volcán

En la tercer versión del proyecto se seguía manteniendo los mismos formatos, casi los mismos temas, pero añadía una metodología para construir el proceso. Esto sería a través de tres momentos

1- La curiosidad sistematica: En esta primera etapa del proyecto el artista sale a la búsqueda de sus fuentes, de su materia prima para lo que seguirá siendo su obra, o cuando menos esa intención.

2- La polifonía: Esta segunda etapa del proceso consiste en un encuentro con “las fuentes” que ayudaron a compilar el material del tema, así los entrevistados, consultados, referidos, quienes participaron de la curiosidad sistémica esta vez son convocados con otra intención, en principio como una forma de validación y diálogo respecto a las formas, estructuras y elementos del relato (en boceto, fotos, videos, audios) a manera de compartir con ellos la visión del artista sobre los materiales, sobre la investigación, este proceso a manera de intercambio pero también de cuestionamiento, ¿cuáles serían las formas que ellos eligirían para transmitir esa idea? ¿qué piensan/sienten sobre esas imágenes, sobre esas palabras, sonidos que trata el artista de organizar, de leer? ¿qué sucede cuando las fuentes dejan de serlo para convertirse en “coautores”?, de este encuentro, que es a la vez una especie de pequeño laboratorio sobre el intercambio de conocimientos y experiencias, es posible que salga un nuevo guión para la resolución de ese tema, o varios diferentes, en función de los intereses y visiones de quienes fueran fuentes y en este proceso interactúan de manera más bien coautoral, polifónica.

3- La partitura: El proyecto en su fase final sería entonces un sitio web que funciona a su vez como archivo y como plataforma de difusión (…) En el sitio se publicarían esencialmente tres diferentes contenidos, el primero, la visión del autor, la manera en que el autor resuelve su curiosidad sistematica. (…) El segundo tipo de contenido es el registro de La polifonía, fotografías, audios, bocetos, guiones, de lo que pasó cuando se juntaron “las fuentes” a validar este proceso, la idea es que se logre subir en este espacio otra forma de solucionar el tema basada en la manera en que las fuentes-coautores resolvieron o resolverían. Y la tercera es una biblioteca, tal cual, un archivo donde se subirían los elementos que sirvieron para construir la historia, material sin editar, archivos fotográficos, audios, archivos de edición basados en esos otro archivos, etc. de tal manera que puedan utilizarse libremente para construir de una nueva manera la historia o bien para construir otras historias.

Como es de imaginarse, paralelamente al proceso de diseño del proyecto, la praxis, la búsqueda poética, la intuición, se decantaba hacia un rumbo que, si bien utilizó absolutamente el diseño, siguió su derrotero. De este primer momento sobreviven varias de las rutas temáticas trazadas, el libro y el proyecto web, aunque la naturaleza de ambos transformada a elementos de documentación a manera de registro, antes que la pieza como tal. La producción radial giró hacia una nueva experiencia que, mantenía el principio comunicacional, pero que luego del proceso se convirtió en el núcleo duro del mismo. El engorroso proceso, porque hacer carpetas y proyectos y presupuestos y programas lo es, sin lugar a dudas; pues tuvo todo el sentido. De las muchas horas de discusión por mail, por skype (como la sesión Barcelona-Nueva Delhi-Guatemala en la que a mí me tocó el horario para adultos), y por Whatsapp se decantó un proceso orgánico, muy claro, y por qué no decirlo también, tremendamente poético.

El encuentro con Raqs

Mi primer acercamiento con Raqs fue a través de la admiración de varios amigos artistas visuales de diversas latitudes que, al publicar en Facebook que había ganado esta beca y sería acompañado en el proceso por este colectivo de la India, varios de estos amigos me felicitaron con particular énfasis en “’¡vas a trabajar con Raqs!” a lo que yo esbozaba una sonrisa nerviosa al mejor estilo de Marge Simpson, hasta el día de la entrevista de los finalistas yo no conocía el trabajo de este colectivo ni mucho menos a sus integrantes. De aquella entrevista surgieron dos momentos que me resultaron particularmente curiosos y generosos. El primero fue algunos días después del anuncio de la beca cuando en un video de Fundación Yaxs Shuddhabarata, uno de los miembros del colectivo, dice que SEF era un proyecto que tiene varias entradas y salidas, y automáticamente la imagen del círculo se asomó a mi cabeza como el elemento que ordenaría el proyecto; y la otra, casi un año después, el 13 de septiembre de 2016, en un conversatorio sobre el proceso de trabajo conjunto, nuevamente el amigo Shuddha hacía un comentario “Julio se estaba haciendo preguntas muy parecidas a las que nosotros nos estábamos haciendo”. Y efectivamente.
Del inmenso trabajo de Raqs hubo una característica que me tocó con intensidad. Desde que conocí el trabajo de este colectivo lo describo como dos chicos y una chica que se dedican a sumergirse en universos alucinantes de los cuales nunca saben cómo saldrán y eso no les importa, solo salen. Y esta salida era la conexión poderosa entre ambos, el afán de la curiosidad sincera, de la exploración con gratitud, y esto sin importar la forma final que esta inmersión sugiera, la forma está ahí, y aparecerá, pero solo aparecerá sumergiéndose en ese universo. De ahí que en aquel conversatorio de septiembre del 16, no fue una sorpresa saber que, como una especie de fortuna poética, algunos trabajos previos de Raqs y míos estaban conectados y apuntando hacia este momento en el que la sincronía de las preguntas nos había colocado en el mismo lugar.

Este noveno mes del 2016 es particularmente importante por la visita a Guatemala de Shuddhabarata Singupta, quien claramente había generado un nexo con este país y su memoria convulsa. La archívistica, una de sus descaradas pasiones, lo había mantenido al tanto del Archivo de la Policía y por lo tanto de algunas –cientos de miles- de las páginas más oscuras de este país que, cuando anochece, es la noche más oscura de las noches. Shuddha vino a Guatemala como el artista residente invitado por la Fundación Yaxs y parte de su estadía consistía en impartir un taller, que se llamó Memoria y magma y que versaba sobre la relación entre la memoria, el olvido y los objetos; y también en acompañarme en una especie de asesoría cercana, que por mucho fue un diálogo fraterno y generoso, que es una manera bastante simple de describir a este gran artista de Nueva Delhi.
De la experiencia en el taller Memoria y magma me quedaba clarísimo que Ser el fuego era un proyecto que se trataba de conexiones, de la manera en que los relatos y las personas y el suelo se tocan. De las largas conversaciones con Shuddha, que incluyeron un fallido intento de subir el volcán Acatenango, se consolidó algo que había aparecido desde la raíz mismo del proyecto, la oralidad como forma orgánica en la que este ensayo-relato se desarrollaría.
La primer mañana en la que Shuddha y yo nos sentamos a hablar, hablé yo un par de horas contándole cómo había sido el proceso personal para llegar a donde estaba en el proyecto, ya no los engorrosos proyectos escritos, sino la médula, el magma. Luego del par de horas de escucharme atentamente, Shuddha se puso de pie, me dijo “deja que tus palabras pasen a través de mi mente y de mi cuerpo, hoy hablaste tú, mañana hablaré yo”, y al día siguiente su conversación era una especie de continuidad del relato antes que de respuesta a mis cuestionamientos, el relato que empezamos a contarnos en esas mañanas de café, es, o podría ser, el inicio de esta historia.

Sucede que uno de los principios que aún mueven a Ser el fuego desde el núcleo, es la posibilidad de aportar a la construcción del conocimiento, de ser parte de una tradición cognitiva y de pensamiento pensada y sentida desde esta región del planeta. Y es que uno de los resultados más evidentes que la investigación temática da a luz puede sintetizarse en que nos posicionamos ante el universo en función del suelo en el que estamos parado, y dado que es uno de los principios que rigen nuestra relación con la geología y las fuerzas telúricas, la coherencia del proceso sería precisamente hacer uso del principal recurso tecnológico en el pensamiento mesoamericano, la oralidad. De ahí que, como parte de la reflexión a la que Ser el fuego invita, el cuerpo que narra es el dispositivo en el cual se vuelca todo este proceso.
Estaba Shuddha empezando a leer un poema mío en inglés en la presentación de septiembre cuando interrumpe para pedirme que mejor lo lea yo en español, y leo el texto y cuando termino me dice, con una sonrisa de viejo marinero, “¡ves que puedes entrar y salir del dispositivo oral!”.

La residencia artística

En septiembre de 2016 se inicia la residencia artística en la Casa Yaxs. Para este punto los diversos viajes, las lecturas, primeras entrevistas y referencias habían concretado un corpus temático bastante robusto. Conforme se profundizaba más el conocimiento subjetivo de la relación, ahora sí, geológica (que antes de ser geológica era telúrica y antes volcánica) surgían interrogantes más complejas entorno a las formas seleccionadas, a la relación entre los contenidos y la metodología propuesta. Surgían los cuestionamientos, hay que decirlo, a manera de crisis; se cuestionaba de manera profunda las maneras de construcción de conocimiento con las que nos relacionamos en este tiempo que habitamos, los códigos que damos por válidos para aceptar, validar o simplemente compartir el pensamiento, se cuestionaban las relaciones entre arte y sociedad para volver a ver a la lógica de la comunidad, ¿cuál será el rol que jueguen los artistas en una comunidad mesoamericana del siglo XXI, en un espacio urbano, capitalista, posmoderno?

Con la crisis se iniciaban los tres meses de residencia, y con estos tres meses la visita de Shuddha. Algunos meses antes del inicio de esta residencia yo terminaba de hacer un documental sobre Benedicto Lucas García, el general del ejército de Guatemala que diseñó la estrategia contrainsurgente que derrotaría a militarmente a la guerrilla e iniciaría la época más sangrienta de la guerra en este país. Y tanto Shuddha como Antonio Ortega, parte del equipo de asesores de Yaxs, me dijeron, a su manera, que todo era parte del proyecto, que los proyectos paralelos que se gestaban se sumaban a la experiencia. Y la idea de que el proceso de investigación no excluye en ninguna manera tu propia experiencia vital, la idea de que investigar es una forma muy edulcorada de decir vivir una temporada transitando una dirección muy específica de un universo. No en el sentido de las vanguardias de la “vida es la obra”, sino en uno más bien contemplativo si se quiere, de esa tradición humana, por humana científica, espiritual, artística, de relacionar las cosas. Así varios proyectos que en apariencia habitaban otro espacio simbólico terminaron conectados profundamente con Ser el tiempo y con la investigación, la idea de que los diálogos iban mucho más allá de conectar contenido y elementos, sino que también la conexión de tiempos y experiencias se convertiría en parte del relato-ensayo.

Así, empezando una nueva metodología basada en los diálogos, conversaciones y encuentros como principio del dispositivo oral y sobretodo, como una forma de reconexión epistémica con el pensamiento mesoamericano; inicio una revisita a quienes hasta entonces habían sido “fuentes” referenciales para convertirlas en fuentes primarias. Esto es, por un lado, sentarme de vuelta, en muchos casos, o procurar las conversaciones necesarias con diversas personas sobre temas diversos relacionados no solo con la temática propuesta sino, ahora, con mucha claridad, también con la forma: el relato oral. Por otro lado esta revisita a mis fuentes se convierte en uno de los objetivos metodológicos de aquella versión escrita del proyecto en la que el reencuentro con las partes daría luz a una nueva manera de resolver la ruta que no era, precisamente, la pensada por el autor.
De esta experiencia a partir del diálogo con Raqs surge la necesidad de explorar un dispositivo muy particular ligado a Mesoamérica y a la oralidad como tecnología: los lienzos y códices como elementos de la tecnología oral. El uso del lienzo como una representación gráfica y objetual de la oralidad que, en el imaginario, es un elemento abstracto, volátil, etéreo. Los lienzos son elementos gráficos que trazan la cartografía de una historia pero que solo se pueden activar cuando el narrador –para quien fue diseñado ese lienzo- está ante él y lo activa. Así el lienzo se convierte en un eje fundamental de la investigación y es, hasta ahora, una de las formas esenciales que Ser el fuego anhela tener, el lienzo y el cuerpo como una dupla inseparable en el desarrollo de un dispositivo oral.

Así durante los tres meses de la residencia y como parte de la necesidad de una exploración distinta de la construcción del conocimiento, se fueron dando diversas reuniones, encuentros, acercamientos pero también se abrieron nuevas puertas lingüísticas. Con la exploración de los lienzos llegó la exploración de la imagen y de ahí que, a manera de ejercicio y de búsqueda, empecé a hacer una serie de dibujos a carboncillo que acompañaron el proceso de registro, pero ante todo, el proceso de inmersión a la exploración de la voz diversa –quizá es importante notar que jamás en la vida había agarrado un lápiz ni menos un carboncillo con intenciones creativas-. El trazo del carboncillo sobre el papel, su naturaleza vegetal pasada por el fuego, la sensación de la corteza sobre corteza generando una imagen, casi siempre relacionada con las piedras, con los volcanes, con la memoria.
El proceso entonces fue decantándose casi automáticamente, es decir, teniendo una infraestructura sólida construida a través de la elaboración de los proyectos, de los diálogos con los asesores, del encuentro con Raqs y con mis interlocutores, de los viajes, de los dibujos, de la reconstrucción de la memoria a través de la conexión de relatos, se fue forjando un lienzo personal, un recorrido que anhela ser ese ensayo, ese relato fluctuante y vivo.

Hacia el final de la residencia, y en un espacio de confort y cercanía, decidí convocar a las personas que me habían acompañado en el proceso, en el proyecto, en la búsqueda, esto incluía, claro está, familia, amigos, colegas, aquello que sería una pequeña comunidad entorno a esta residencia-investigación. Llegó este pequeño grupo a Casa Yaxs. Aproximadamente 25 personas escucharon en poco más de tres horas un primer intento de activar este dispositivo narrativo, oral, cartográfico si se quiere. La incertidumbre de qué era aquello, de cuál era la intención, de por qué así, “tu exposición” me dijo un tío, “tu charla” le llamó mi mamá, y acaso era ambas cosas pero a la vez, parecía y se intuía que nos estábamos yendo hacia otro lado más complejo. Es importante comentar acá el hecho que aunque aquello parecía algo que se hace con cierta periodicidad en contextos diversos, “hablar a grupos”, el dispositivo oral es por principio una experiencia comunitaria, algo a lo que, por tantísimas razones, hemos dejado de hacer. De aquella experiencia nació pues la etapa más reciente del proyecto ser el fuego: el inicio de la historia.

Ser el fuego es un ensayo oral que sucede cuando entorno a una lógica comunitaria nos reunimos a hablar, con la experiencia de los cuerpos, y la calidez de las palabras. Reunidos entorno a un tema, acaso la geología y la política, y las palabras y el cuerpo, la memoria y el magma, acaso nos reunimos entorno a la poesía como entorno al fuego, y ahí, cada vez que pase, será nuevo, y único y será casi la primera vez que suceda, porque cada vez que este ensayo oral se activa sucede nuevo, nace único ante la presencia de quienes estemos ahí, sentados, alrededor del fuego.

Agradecimientos,

Shuddhabarata Sengupta Fernando Feliu Moggi, Ana María Valle, Felipe Rivera Cabas, Antonio Pichillá, Daniel Perera, Anthony Rivera, Ivette Aldana, Margarita Cossich, Ruud van Akkeren, Rudigger Escobar, Marta Méndez, Nills Saubes, Sebastián Porras, Gary Estrada, Santiago García Gago, Inés Binder, Enrique Pazos, Eduardo Rubio, Gabriela Carrera, Paul Hasse, Oscar Farfán, Alejandro España, Sebastián Escalón, María Aguilar, Vivian Guzmán, Sabino Esteban, Carmen Lucía Alvarado, Luis Méndez Salinas, Maria José Pérez, Alejandro Jaime, Marco Canale, Laura Wellen, Sergio Ramírez, Alejandra Gutiérrez, Lucía Henderson, Karen Ponciano, Carlos Cabrera, Marvin García, Alberto Rodríguez, Roberto Pérez, Valia Libenson, Rodolfo Bolaños, Amal Achaibou, Erick Menchú.

Al equipo de Fundación Yaxs, Paulina Zamora, Alfonso Otero, Antonio Ortega, Monste Badia, Nora Pérez, Pablo Xona, Carolina Arroyo, Erick “Spanky” Galvez, Max López.

Y a mis hermanos Polux y Totó y a mis papás Lucía y Gabriel.