Las montañas nos salvaron

Autor: Julio Serrano Echeverría

Creo que uno de los principales problemas de Guatemala de la Asunción es su incapacidad de conectarse con un volcán. La gente de la montaña. La gente del interior. El interior, siempre me ha resultado intrigante ese término, es una forma de exclusión bastante poética: nosotros, los del interior, ¿somos acaso aquello que está adentro, quizá profundo, quizá corazón? Y hay una respuesta que no tiene que ver con la pregunta, pero está, la montaña, el volcán. Durante la guerra algunos se iban a la montaña: combatiendo. Durante la guerra algunos se iban a la montaña: huyendo. Y de alguna manera no dejo de pensar en los volcanes, ellos estaban ahí, ellos están ahí, mucho de nosotros se define desde ahí, al fondo, y no sé muy bien cómo ni por qué, pero todo tiene que ver con ellos. Gagxanul se llama el volcán de mi pueblo, Volcán desnudo se llama. Hay un texto del joven filósofo Diego Azurdia, se llama “Escribir para merecer volcanes”, y dice en una parte “Es así que a diferencia de los pueblos vencedores, en esta Guatemala llamada de posguerra, la historia la llevamos como cruz. Pero por ello mismo tenemos la ventaja de no depender de sus promesas y tenemos el sagrado derecho de pensar en términos utópicos”.

 

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