El cuarto gran maestro de la palabra. El Popol Wuj traducido por Sam Colop

Autor: Julio Serrano Echeverría

 

whatsapp-image-2017-06-05-at-9-05-45-amLa traducción literaria es un concepto que está siempre en el borde del barranco, el huevo que se mece afablemente encima de una pared. Traducir literatura es ser el Humpty Dumpty de las palabras (fortuna nuestra es que no conozcamos intentos por traducir Humpty Dumpty, como sí sucedió en español con Carlos Baudelaire o Arturo Rimbaud), o acaso la obra misma al traducirse es el huevo que se rompe y nunca puede volver a reconstruirse, y pasa con la traducción, para seguir con el ejemplo, como con el huevo y la gallina, aunque acá sepamos quién fue primero: la obra antecede a la traducción pero es una nueva obra, y va de nuevo el traductor a encaramarse a la pared.

Hay que decirlo, el traduttore, traditore está demasiado sobrevalorado, goza de una fama inmerecida pero justificada, y si a traiciones vamos, suele ser mucho más traicionero el poeta que el traductor, aunque como le pasa todo el tiempo al traductor, nos tocará a nosotros cuestionarnos qué entendemos por traición en este contexto, traicionar ¿a quién?

Ahora bien, tradición, traducción y traición comparten la misma raíz para nuestros idiomas romances, y de una manera bastante irresponsable podemos sintetizar esa raíz como “pasar de un lugar a otro”, y ese movimiento, ese gesto generoso de robarse un poco el fuego para llevarlo a otro lado, es la gran tarea del traductor. Cómo trasladamos el fuego sin que se apague, sin que se enfríe, sin que deje de iluminar, sin que deje de incendiar. No es poca cosa, pues, llevar la fuerza de una tradición a otra, menos cuando lo que se está traduciendo es una de las obras más importantes de la humanidad, el Popol Wuj.

Es complicado describir el Popol Wuj en su justo valor para el lector occidental, digamos al que está acostumbrado a pensar en el libro como esta tecnología impresa en una secuencia organizada de cuadros de papel, no es fácil entender la naturaleza de un libro de autoría colectiva, de función sagrada, histórica, política, comunitaria y legal a la vez. Además un libro que al pasar de la tradición oral al formato libro sufrió su primer traducción, casi irreconciliable, y que ha llegado a nosotros gracias a ese primer movimiento: transcribir de la voz al papel es, en sí mismo, un ejercicio de traducción. Parte de esta incomprensión respecto a la naturaleza de este libro, ha hecho que existan muchas ediciones publicadas con autoría “anónima”, al no poder procesar la colectividad de la voz de un pueblo más de un editor ha caído en esta desafortunada trampa, sucede pues que el Popol Wuj es un libro comunitario del pueblo K´iche´y trata sobre su origen, tradición, cosmovisión y legitimidad territorial, es un libro que identifica a un pueblo y a una raíz común que permite que otros pueblos mayas encuentren en este texto, una de las representaciones más claras (y mejor mediadas para occidente) de un árbol antiguo de una tradición milenaria y pleno de vida.

Luis Enrique Sam Colop fue un poeta, lingüista y traductor maya ki´che, y autor de uno de los libros más importantes impresos durante el siglo XXI: su traducción al español del Popol Wuj[1]. Y para hablar de ella es fundamental empezar citando sus palabras “Aquí no se trata de menospreciar. Yo agradezco las demás traducciones, desde la de Ximénez a las otras versiones publicadas a la fecha. Las traducciones efectuadas desde el texto k´iche´ merecen respeto especial, sea en el idioma que se haya traducido. No es fácil traducir metonimias, metáforas y otras figuras literarias. Podremos estar o no de acuerdo pero en líneas generales hay un hilo conductor[2]”. Es generoso también el traductor, y precisamente esa capacidad de reconocer el trabajo de los demás es uno de los méritos de la traducción de este libro comunitario que, quiero insistir en ello, su traducción no está dada nada más en la capacidad de trasladar al español el texto k´iche´ sino en la fuerza con que Sam Colop logra traducir la tradición poética y filosófica maya k´iche´ al lector contemporáneo. Al mérito de cruzar su traducción –la última conocida hasta ahora- con las traducciones que hiciera Dennis Tedlock al inglés[3], don Adrián Inés Chávez[4] el primer traductor k´iche´ y la de Adrián Recinos[5], ambas al español, entre otras traducciones del texto; se suman las múltiples referencias lingüísticas de diccionarios, traductores y lingüistas, entre ellos y quizá el más frecuente de los citados, Robert Carmack, uno de los grandes mayistas norteamericanos del siglo XX y maestro –y cómplice- de Sam Colop en esta titánica tarea.

Ahora bien, para hacer esta traducción hay un antecedente fundamental, la disertación doctoral de Sam Colop[6] era un estudio exhaustivo sobre versificación, métrica y rima dentro de la poética maya k´iche´, este conocimiento profundo de la estructura poética de su cultura permitió que el texto recuperara la forma que, podemos imaginar, fue la original. El elemento poético, que hasta esta edición no se había materializado, permite hacer una lectura nueva del libro a manera de canto, de poema de largo aliento que narra el universo del pueblo k´iche´. Para este proceso es importante recordar que Sam Colop era también poeta y que no estuvo solo en la adaptación del texto al verso, su amigo el poeta k´ich´e Humberto Ak´abal le acompañó. Ak´abal es uno de los más importantes poetas contemporáneos de Mesoamérica y su obra ha partido siempre desde el corazón espíritu del pueblo k´iche´ hacia distintas plataformas de divulgación poéticas. Así puede el lector sumar un fuego más a la importancia de este libro.

Finalmente este libro puede considerarse uno de los grandes gestos del pensamiento contemporáneo latinoamericano del siglo XXI[7]. Un texto como el Popol Wuj es también un gesto de resistencia ante un sistema colonial que, en un país como Guatemala, mantiene profundas raíces racistas y excluyentes. También se confronta este libro a la epistemología hegemónica que, en muchas ocasiones, busca legitimar el conocimiento a través de una infraestructura académica de la cual Sam Colop formó parte, doctorándose en la Universidad Estatal de Nueva York en Buffalo, siendo becario de la Fundación Guggenheim, además de obtener dos veces la beca Fulbright, y que la Newberry Library de Chicago le otorgó una beca para la edición de este libro, ahora bien, todo lo anterior es en sí mismo ya un gran mérito, pero acá el inmenso gesto del autor, para lo que me remetiré de nuevo a sus palabras, refiriéndose al proceso de traducción del libro “la segunda etapa (de la traducción) consistió en leer en k´iche´ palabra por palabra y frase por frase para compararlas con la versión en español con mi señor padre Mateo Sam Pocol. Él conocía partes del texto conforme la tradición oral k´iche´, pero no la había leído, ni escuchado en su versión escrita”[8]. Y así, más de diez años de trabajo exhaustivo para lograr esta traducción encuentran en la oralidad de don Mateo Sam Pocol la validación final de un proceso que siguió, rigurosamente, las metodologías del mundo académico letrado. El gesto de colocar la oralidad como último filtro de un trabajo profundamente intelectual es, a mi manera de verlo, el más importante aporte de los ya grandes méritos que esta traducción tenía. La lección de poder armonizar dos visiones del conocimiento, la letrada, académica occidental, con la oral y orgánica mesoamericana, es en sí mismo una declaración también de carácter político y reivindicativo desde los pueblos indígenas hacia el conocimiento universal.

Algunas líneas antes de finalizar el Popol Wuj se lee:

“En unidad se conformaron estos tres maestros de la palabra,

los dadores de vida,

las que son madres de la palabra,

los que son padres de la palabra.

Grande entre pocos era la naturaleza de los tres maestros de la palabra:

gran maestro de la palabra ante los Kaweq (era el primero),

(gran maestro de la palabra) ante los Nija´ib era el segundo,

gran maestro de la palabra era el tercer Señor ante los Ajaw K´iche´.

Eran, pues, tres los maestros de la palabra,

cada uno representante un linaje”.

Fueron los Kaweq, los Nija´ib, los Ajaw K´iche´ quienes hicieron esta primera traducción de, muy probablemente, un texto glífico a los caracteres latinos, también sabemos que uno de los linajes de los K´iche´es el linaje de los Kolob, quienes ahora viven en Cantel, Quetzaltenango, y que actualmente se escribe Colop.

Luis Enrique Sam Colop nació en Cantel en 1955 y murió en Guatemala de la Asunción el 11 de julio de 2011. Después de su legado es posible pensar que una nueva y futura traducción del Popol Wuj termine añadiendo “gran maestro de la palabra era el cuarto Señor ante los Colop”.

 

*poeta y documentalista. Ha publicado varios libros de poesía, crónica y literatura infantil, además de escrito y dirigido algunos documentales.

[1] Su primera edición fue publicada por la Editorial Cholsamaj en 2008, la segunda por F&G Editores en 2012, ambas en Guatemala.

[2] Sam Colop, Luis Enrique. Popol Wuj. Editorial Cholsamaj. Guatemala, 2008. P18

[3] Popol Vuh: The Definitive Edition of the Mayan Book of the Dawn of Life and the Glories of the Gods and Kings. Simon & Schuster, New York, 1985

[4] Pop Wuj. Poema Mito-histórico Kí-ché. Traducción directa del manuscrito. Centro Editorial Vile, Guatemala. 1978

[5] Popol Vuh: Las antiguas historias del Quiché. Fondo de Cultura Económica. México, 1947.

[6] Sam Colop, Luis Enrique. Maya Poetics. Ph.D. dissertation, SUNY at Buffalo. University Microfilms, Ann Arbor

[7] Para algunas lecturas contemporáneas del texto ver: Mills, Alan. Pop Book: hacia una lectura transmedial del Pop Wuj, en Revista de la Universidad de San Carlos, Número 29, 2013; Falla, Ricardo, El Popol Wuj una interpretación para el día de hoy. Cholsamaj, Guatemala, 2013

[8] Sam Colop, op cit. P 11

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